La vida es un conjunto de tensiones. Encontrar el punto de equilibrio u óptimo entre todas ellas te permitirá tomar las decisiones más adecuadas. Ahora bien, hay algo por encima del equilibrio que posibilita se realicen excepciones: el sentido común. Este nos permitirá desequilibrar la balanza para conseguir un fin superior.
Los grandes movilizadores de las personas son el amor y el odio. Si los interpretamos desde el punto de vista de las emociones, el odio (o ira) y el amor, son neutras. La ira es buena cuando nos ayuda a resolver las injusticias, pero es mala cuando atenta contra otros injustamente. El amor puede ser bueno cuando enriquece a los demás o malo cuando impone determinados criterios o dogmas. Saber utilizar en la justa medida el amor y la ira nos permitirá vivir una vida de equilibrio.
Excepción 1 al equilibrio: Considero que vivir una vida desde el amor es mucho mejor para la sociedad que si la vivimos desde el odio. El odio lleva al enfrentamiento y el enfrentamiento a la destrucción.
Hay veces en las que el odio hace más daño incluso a la persona que lo siente. Por tanto, si queremos resolver aquello que consideramos injusto es mejor hacerlo desde el amor que desde el odio.
Nota: Vivir una vida con amor es positivo, pero es importante que en cualquier momento tengamos la opción de expresar nuestra ira si así lo deseamos. Aunque se ha de hacer de forma que esta se contagie a personas que no lo necesitan.
Nota: El odio tiene su origen en el miedo, si aprendemos a eliminar el miedo irreal viviremos con menos odio.
No es muy correcto hablar en términos de bien o mal, pues la realidad tiene una variedad de colores que la hacen muy difícil de calificar. Incluso hay una corriente que habla de que los hechos que suceden son neutros. Ahora bien, es necesario ponderar para poder actuar, de lo contrario seríamos impasibles a lo que sucede.
Hay una corriente que habla del equilibrio entre el bien y el mal, de forma que si hubiese mucho bien, habían concentraciones de mucho mal, lo cual podría desequilibrar la balanza muy fácilmente hacia un lado o hacia otro. Por tanto, en este punto parecería correcto dirigir las acciones hacia el platillo central. Ahora bien, cuando se habla en términos de vidas humanas, dignidad, salud, justicia o educación, se ha de poner un extra en dicho platillo.
En una ocasión leí una propuesta que me pareció muy interesante: por cada acción mala se han de hacer dos buenas. Aunque no esté en mis manos evitar grandes males, si que lo está en hacer pequeñas cosas bondadosas que permitan equilibrar la balanza.
Metafóricamente hablando, se podría decir que el ser humano tiene en su interior espacios de luz y espacios de oscuridad.
Los espacios de luz nos ayudan a resolver, de forma ecológica (bueno para mi, para mi entorno y para el planeta) los problemas que se me presentan en la vida. Ahora bien, hay veces que nuestros espacios de oscuridad aparecen para poder resolver estos problemas, lo cual es una ayuda. Ahora bien, esta respuesta no es siempre ecológica.
En primer lugar es necesaria una aceptación de cómo somos, con nuestros espacios de luz y de oscuridad. En segundo lugar lugar es importante reconocerlos y establecer un orden de prioridades adecuado que nos permita afrontar la vida desde nuestro espacio de luz.
Un desarrollo personal adecuado nos permitirá vivir habitualmente en nuestro espacio de luz. Un espacio que, sin duda alguna, nos reportará una vida plena y feliz.
Hasta este momento se han potenciado los modelos de perfección con el objetivo de que el ser humano, al intentar parecerse a ellos, pudiera construir una sociedad de luz. Ahora bien, fuera de este espacio han quedado aquellos que: no encajan en estos modelos de perfección (por resultar inalcanzables), que estos no fueran necesarios o reales, etc. Pero esto no era ningún problema, la compasión ofrecía cierto margen para ampliar el espacio de inclusión. Aun así, hay personas que quedan fuera de este espacio, y se intentaba que estas personas encajaran dentro de una sociedad en la que los valores eran el valor primordial. Ahora bien, con la premisa del "todo vale" se ha producido una dilución del valor de la moral que ha determinado una sociedad cada vez menos justa y más individualista.
Por si lo anterior no fuera poco los partidos políticos, con el objetivo de ser receptores del voto, han abierto espacios de influencia para aquellos grupos más radicales. Lo cual ha llevado a la confrontación y la división social.
Trabajar con modelos de perfección es una forma de mejorar la sociedad. Para ampliar el círculo también podemos crear espacios de inclusión. Ahora bien, estos se han de crear desde la perspectiva del amor y no la del odio.
Tensión y equilibrio